OAXACA
Y LA
GRÁFICA

Se dice que Oaxaca es el lugar con más talleres, prensas y grabadores/as que en cualquier otra parte de México. Y es que Oaxaca no es un lugar cualquiera dentro de la extensa geografía nacional. Constituye uno de los principales epicentros artísticos y culturales del país.

La tradición de la gráfica en Oaxaca ha ido de manera paralela a la eclosión de las artes visuales y se ha consolidado a lo largo del tiempo  gracias a una multiplicidad de  actores, procesos y factores. Aquí compartimos algunos cuantos:

GENEALOGÍA FUNDACIONAL: Un referente fundacional de la tradición del grabado en Oaxaca se encuentra, sin lugar a dudas, en las obras sublimes elaboradas por el gran maestro oaxaqueño de talla universal, Rufino Tamayo, quien gustaba sobre todo de la técnica de la litografía y la mixografía. De igual manera, el maestro Francisco Toledo, uno de los artistas mexicanos más emblemáticos, fallecido en años recientes, constituye otro de los grandes mentores de la gráfica oaxaqueña: aparte de ser un excelente grabador que exploró  con gran maestría una infinidad de técnicas diferentes, también alentó el  desarrollo de la gráfica fundando y abriendo espacios de acceso gratuito de formación y difusión; entre éstos, destaca el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), un recinto que alberga una biblioteca con un riquísimo acervo bibliográfico, mismo que ha nutrido de conocimiento e inspiración a profesionales y diletantes de las artes. Destaca asimismo el Centro de las Artes de San Agustín, ubicado en una antigua fábrica de textiles de la época porfirista, donde se ha instalado un taller de grabado no tóxico y donde  también se realizan continuamente exposiciones de artistas de reconocimiento internacional como la de Jan Hendrix, creador  holandés radicado en México desde 1975 y figura clave en el rubro de la gráfica.

ANCESTRALIDAD INDÍGENA: Otro semillero oaxaqueño de grabadores, principalmente masculinos, está representado por el Taller de Artes Plásticas Rufino Tamayo, fundado a inicios de los años 70. Bajo la batuta del maestro Roberto Donís, el Taller se consolidó rápidamente como un espacio de formación en pintura y en grabado con la significativa particularidad de que abrió las puertas a jóvenes talentosos procedentes  de las comunidades de sustrato indígena del interior del estado. Jóvenes que llegaron con los ojos repletos de sus vivencias rurales y cosmogonías ancestrales. La primera generación de alumnos egresados del Taller, entre los que destaca Enrique Flores, se ha convertido hoy en día en un referente indispensable en la historia del arte local, directamente vinculada con la afamada “escuela oaxaqueña”; ésta se identifica por el estilo de realismo mágico de estampas coloridas que retratan de manera onírica los diferentes aspectos de la vida pueblerina. Dicha escuela, que tuvo en Rodolfo Morales un ilustre referente, favoreció que el indígena se adueñara de la narrativa visual y estética de su propia tierra y tradición, encontrándose y contándose a sí mismo a través de sus pinceles, sus gubias y buriles.

 

UN JAPONÉS EN OAXACA: Paralelamente, el Taller de Grabado de la Escuela de Bellas Artes, perteneciente a la Universidad Autónoma Benito Juárez, se ha convertido en un motor invaluable en el desarrollo de las artes gráficas. En este proceso es de capital importancia la figura del maestro Shinzaburo Takeda, un artista japonés con gran vocación pedagógica, que llegó y se instaló en Oaxaca, también en la década del 70, para incorporarse como catedrático a la universidad. Desde ahí, se ha dado a la tarea incansable de formar, desde hace más de cincuenta años de docencia, a generaciones y generaciones de estudiantes en el arte del grabado, con especial énfasis en la xilografía.

VIAJES Y APROPIACIÓN: El mundo de la gráfica también se ha visto enriquecido por aquellos y aquellas artistas que han tenido la oportunidad de viajar y formarse ya sea en las prestigiosas escuelas de la Ciudad de México o, incluso, en el extranjero. Lo interesante es que, tras nutrirse de otros conocimientos, lenguajes y vivencias, estos artistas regresan a su tierra para convertirla en centro de su creación. Es el caso, por ejemplo, de Guillermo Olguín, con estudios en Seattle y en Hungría, que desde su taller  en el corazón histórico de la ciudad de Oaxaca, retoma con un trazo ligero, libre y de elegante tinta negra, coloridas escenas locales de festividades típicas.

GLOBALIZACIÓN Y MESTIZAJE: Oaxaca no vive de espaldas a los fenómenos mundiales y también se encuentra inmersa e interconectada en la dinámica de la globalización. Esta realidad se transluce obviamente en el ámbito de las artes gráficas. Sus artífices se nutren de influencias externas sin perder su enraizamiento y abordan las nuevas realidades desde diferentes perspectivas. Cristopher Díaz, por ejemplo, cuenta con una interesante serie de estampas xilográficas de gran tamaño donde recrea la escena típica mexicana de un puesto de tacos, poblada por protagonistas extraídos de la Guerra de las Galaxias. Por su parte, Demián Flores, en una estética híbrida, conjunta iconografía prehispánica con figuras extraídas de las historietas contemporáneas y de la cultura popular, en una búsqueda de respuesta en torno a la identidad desde el mestizaje.

OAXACA HOSPITALARIA: La gráfica oaxaqueña tampoco se podría entender sin aludir a los y las artistas que no siendo nativos de Oaxaca, se han afincado ahí. Procedentes de otras naciones o de otras partes del país, han hecho de Oaxaca su tierra adoptiva. Artistas como Cristina Luna, originaria de la Ciudad de México, donde estudió música en el Conservatorio y se licenció en la Escuela de Artes Plásticas de la Esmeralda, se instaló en Oaxaca en los años 90 para pintar animales en extinción. Es el caso también de Fernando Aceves Humana quien, a través de paisajes de fauna o flora, explora la soledad; o de George Moore, artista, antropólogo y bluesman de Estados Unidos, quien realiza refinadas estampas de las plantas que lo rodean en su jardín.

EL GUSTO POR EL ARTE DE LA IMPRESIÓN: Oaxaca no solamente es punto de afluencia y confluencia de artistas de afuera, sino también de maestros impresores que han instalado talleres  profesionales de producción en la ciudad. Tal es el caso del Taller La Máquina, fundado por el maestro Francisco Limón, que ha importado desde el afamado Taller Clot, Bramsen & George,  en París, una gigantesca prensa litográfica Voirin del año 1909. Destacan también el Taller de Fernando Sandoval, maestro grabador de Jalisco; el Taller Zanate, liderado por el artista impresor poblano Daniel Flores, el Taller La Buena Impresión o el Taller de Raúl Soruco, procedente de la sureña Bolivia. En estos talleres imprimen los artistas que radican en la ciudad, pero también a artistas que llegan a Oaxaca puntual y expresamente para hacer ediciones de sus obras. Algunos artistas que han circulado por estos talleres son Francesco Clemente, Gabriel Macotela, James Brown, Gunther Gerzso, Castro Leñero o el literato Ferlinguetti, de la generación beat, entre tantos otros.

ARTE, POLÍTICA Y DEMOCRACIA: Diseminados en la ciudad, se encuentran igualmente un sinnúmero de pequeños talleres de producción y exhibición, iniciativa de colectivos conformados fundamentalmente por las generaciones jóvenes de artistas. Estos colectivos están movidos por un afán democrático del arte así como también por la necesidad de hacerse de recursos económicos necesarios para poder continuar con su labor creativa. Muchas de las obras producidas en estos espacios se distinguen por un  gran contenido político, retomando así la tradición nacional de la gráfica de protesta, trazada por los inmortales Guadalupe Posada, Leopoldo Méndez o David Alfaro Siqueiros.

IRRUPCIÓN FEMENINA: El universo de la gráfica oaxaqueña se ha visto igualmente ampliado por la irrupción en los últimos años de mujeres grabadoras que se han abierto espacio en una actividad considerada usualmente muy masculina. Destacan grabadoras como Mercedes López, quien ahonda en las formas orgánicas o la joven Daniela Ram, fundadora de “Hoja Santa” un espacio de promoción y difusión de obras hechas por mujeres.

VOCACIÓN COMUNITARIA: El desarrollo de la gráfica oaxaqueña no podría entenderse sin tener en cuenta la vocación comunitaria que permea e impera en la sociedad oaxaqueña en general y en el conjunto de los artistas en particular. En Oaxaca, el/la artista no se limita a ensimismarse en su individualidad, sino que compagina su labor creativa personal con un alto grado de responsabilidad social. Estos valores y prácticas de cooperación y solidaridad  están detrás de la proliferación de un sinfín de iniciativas dirigidas a multiplicar las oportunidades formativas en los pueblos y comunidades repartidas a lo largo y ancho de todo el territorio oaxaqueño, incentivando la creatividad y las habilidades de sectores socialmente marginados. En este sentido, destaca la labor realizada por el maestro Juan Alcázar, ilustre grabador  y promotor cultural fallecido en el año 2013, que durante años impulsó cursos formativos en las lejanas comunidades desde su Taller Libre de Gráfica Oaxaqueña, otro gran semillero de grabadores fundado en los años 80. Más recientemente, el maestro Abraham Torres promueve asimismo un taller ambulante por los pueblos, mercados y plazas, divulgando por doquier el gusto por el arte del grabado. Estos proyectos permiten de este modo una irradiación de la gráfica desde el centro urbano de la ciudad capital hacia las diferentes regiones del estado.

DIVERSIDAD Y UNICIDAD: Oaxaca se presenta así como una flor en plena eclosión en el campo de las artes gráficas con artistas disímiles entre sí: algunas y algunos consagrados o consolidados dentro  del mercado del arte y los circuitos nacionales/internacionales de difusión, y otros tantos y tantas que, aun teniendo trabajos de gran belleza o significancia, se encuentran  todavía ocultos, prestos a ser descubiertos y admirados. Unos con unas obras que remiten de manera explícita al arraigo, a la tierra, al color, a la permanencia, y otros/as tantos/as cuyos trazos recorren nuevos derroteros de búsqueda y lenguajes. Pero todos, unos y otros, unas y otras, están permeados por la luz y la magia de Oaxaca, ventana desde donde se miran e interpretan el mundo.